En una noche que quedará marcada en los libros de la historia musical contemporánea, la cantante española Rosalía se alzó este sábado con el prestigioso galardón de Artista Internacional del Año en los BRIT Awards 2026. La ceremonia, celebrada en el vanguardista estadio Co-Op Live de Mánchester, no solo ratificó el estatus de la intérprete de 33 años como un icono global, sino que sirvió de plataforma para una de las presentaciones más experimentales y disruptivas que se hayan visto en la gala británica.
La victoria de la catalana representa un quiebre en la hegemonía anglosajona de los premios organizados por la industria del Reino Unido. En una categoría sumamente competitiva, Rosalía logró imponerse a gigantes de la industria como Taylor Swift, Lady Gaga, Bad Bunny, Sabrina Carpenter, Tyler, The Creator, Chappell Roan, CMAT, Doechii y Sombr.
Este triunfo la convierte en la primera artista española en conseguir esta estatuilla en las 49 ediciones del certamen. Para dimensionar la magnitud del logro, debemos remontarnos a 1983, cuando el legendario Julio Iglesias estuvo cerca de alcanzarlo tras una nominación, aunque finalmente el premio fue para Kid Creole and the Coconuts. Hoy, Rosalía no solo rompe ese techo de cristal, sino que lo hace manteniendo su lengua materna y su identidad cultural como estandartes.
Al recibir el premio de manos de Jade (ex Little Mix), la artista vestida de rojo pronunció un discurso que resonó en toda la arena:
“Gracias a mis compañeros de la industria que hacen música en español, a mi familia y a mi equipo. Sigamos celebrando la música diferente, las culturas diferentes y los idiomas diferentes”, sentenció la cantante, haciendo un llamado a la diversidad en una industria que suele ser hermética.
El momento cumbre de la noche llegó con la interpretación en vivo de ‘Berghain’. Para su debut en los BRIT, la artista decidió alejarse de lo convencional. En lugar de un show pop tradicional, ofreció una pieza de vanguardia acompañada por una orquesta, bailarines y la colaboración estelar de la islandesa Björk.
La puesta en escena fue un despliegue de su nueva etapa artística, denominada Era LUX. Abandonando su ya clásico halo en el pelo, Rosalía apareció con un atuendo blanco angelical de plumas, interpretando versos operísticos en alemán. Lo que inició como una pieza solemne a golpe de violines, se transformó radicalmente en una rave electrónica que emulaba la atmósfera del club berlinés que da nombre al tema.





