¡Hasta siempre Silvia Pinal!

¡Hola a mis luminosos reflectores (reflexivos lectores)! Es difícil no involucrarse, Esta Joroba la escribo desde la cama.

Ya iba de salida de un muy rudo resfriado cuando la noticia llegó. La muerte de Silvia Pinal me regresó el catarro. Dicen que te enfermas de la garganta cuando te quedas cosas sin decir y yo creo que es más bien cuando tus defensas están bajas.

En mi caso, la despedida tan penosa de la diva puso una nube gris sobre mi corazón. Todos morimos, muy pocos llegaremos a los 94 años, menos aún seremos tan conocidos y sólo un puñado de personas lograran todo lo anterior en un estatus de div@.

Como periodista tengo eso muy claro, pero lo que me quebró el corazón fue ser espectadora de una pena universal. Perder a tu mamá es un dolor que une a todos los seres humanos que han vivido ese golpe. 

Eran casi las seis de la tarde estábamos todos grabando un programa de Navidad cuando Gus recibió un mensaje. Yo que me siento a su lado vi que se sobresaltó y dijo con voz seca: «ya murió». Nos vimos a la cara, el momento tan temido había llegado y fuera de su familia fuimos los primeros en enterarnos. 

Mi jefa reaccionó rápido, en segundos movió todo para interrumpir el programa ENAMORÁNDONOS. 

Hasta ese momento todo fue logística de producción teníamos que estar al aire en un programa especial. El sábado una sala y vestuario color claro nos aguardaban. El llamado fue a las 7:30 horas. 

Esta Joroba se las vio negras. Luego de una noche de perros por la nariz congestionada y sin ayuda de una niñera cargué con niños y chucha al foro. Para esto ya imaginan: el agua, el lunch, la lechita, las croquetas, una colcha y un colchón además de la mentada tablet. ¡Mamá es periodista y los niños ya se la saben!

Pues luego de las correteadas ahí estábamos: a las 9:30 horas en el programa especial: «El adiós a una Diva», ahí fue donde la emoción fue ganando terreno en mis defensas bajas…la carroza salió de la funeraria su recorrido incluía la avenida Universidad. 

Al cabo de unos minutos estaba pasando por Imagen Televisión en ese momento Gus, Lalo, Eri y esta servidora nos pusimos de pie. Iván Cochegrús, amigo de la diva había dicho un día antes que la familia esperaba que Silvia Pinal fuera despedida con pañuelos blancos, si algo tenía yo conmigo eran pañuelos desechables, con uno de ellos rendí honor al cortejo fúnebre.

Ser parte de un momento histórico en el espectáculo mexicano me invadió de emoción. Ya al interior del Palacio de las Bellas Artes la pena de sus hijas, nietas y bisnietas me estrujaron el corazón. 

Yo estuve dos veces en la casa de Silvia pinal, recuerdo el elevador que tenía en su recámara, el biombo oriental, las fotos de Viridiana y Alejandra frente a la piscina y el cuadro de ella pintado por Diego Rivera protagonizando la sala.

Si una que sólo dio fiel seguimiento a la carrera de la diva, me dolía el momento, quién era yo para describir el dolor que vivían sus deudos. Pero esa fue la encomienda: narrar y acompañar el último adiós a la diva.

 Hasta siempre Silvia Pinal, ahora serán otros temas los que harán sonar a la dinastía, Todos polémicos eso sí. comprendo que Frida pusiera el pretexto de no encontrar vuelos para no ver de frente a su madre. Comprendo también que Luis Enrique faltara al último homenaje a su madre. Él siempre fue así. ¿Por qué tendría que fingir formalidad? Nunca fue artista y la fama que ha ganado ha sido por escándalos. Además, él será el mayor beneficiado de la herencia.  Se acuerdan de mí. ¡Así será!

Lo que aún no puedo decirles tiene en efecto que ver con el testamento, cuando esa información me llegó decidí callarla. Aún vivía la diva, pero pronto podré contarles todo.

Un abrazo si ustedes ya perdieron a mamá, un codazo a quienes aún la tenemos gocémosla. y famosos: ¡Ándense derechitos, que sólo LA JOROBA les estira los huesitos!

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