¡Hola a mis luminosos reflectores (reflexivos lectores)! ¡Estaba yo pensando en la paz de la blanca Navidad, cuando la sucesión testamentaria de Silvia Pinal estrelló mis nervios como esferitas de vidria en el piso! ¿Recuerdan que antes las esferas eran de vidrio?
¿A quién se la habrá ocurrido? Seguro no fue a una madre de familia.
Esa idea malvada fue del fabricante que, como Sepulturero de pueblo, ideó el adorno tradicional deseando corta vida al producto.
O sea, fabricó esferas frágiles para que año con año las familias corran a comprarlas.
Bueno, luego de este remedo de ensayo sobre la brevedad de las esferas navideñas en los 80’s, regreso a la chisma del testamento.
Resulta que Silvia Pinal decidió en plenas facultades dar un mensaje muy claro sobre la escala de sus cariños. Se dice que los herederos mayoritarios son sus dos hijos menores: Alejandra y Luis Enrique se llevan el 35 por ciento cada uno, el 30 restante se divide entre Stephanie Salas y Sylvia Pasquel, 15 por ciento y 15 por ciento.
O sea, que dejaría a su hija mayor con el menor porcentaje de herencia.
De ser así, que fuerte noticia para Sylvita ¿no creen? Yo no quiero pensar en ese escándalo amoroso entre madre e hija por el mismo hombre que sigue dando de qué hablar.
Lo que si me tocó ver a mi fue ver la devoción con la que Pasquel cuidaba de su mamá.
Pero sólo la diva sabe qué mandaba en su corazón, si la madre o la mujer.
Mi fuente me explicó que los bienes inmuebles como el teatro, estacionamientos, edificios y terrenos corresponden a una empresa donde los tres hijos aparecen como socios, por lo que según la voluntad de Silvia es que se vendan y el monto total luego de pago de prediales, servicios, etcétera, se reparta en ese porcentaje.
Lo que sí irá en partes iguales es el dinero de su cuenta de banco.
Aseguran hay muchos, pero muuuchos millones, mismos que se repartirán en partes iguales a hijos, nietas y bisnieta.
Por otra parte, Silvia Pinal dejó un porcentaje de la venta de algunas obras de arte a su mano derecha, Efigenia, e igual parte a su amiga de toda la vida Mónica Marbán le dejó, dicen, un 5 por ciento de esa venta.
¡Cuando escuché eso exclamé de emoción! ¡A Marbán, a quien Luis Enrique había corrido a patadas del teatro Silvia Pinal, doña Silvia la había considerado en su testamento!
Bueno pues la cosa se va a poner buena porque contó Gustavo Adolfo Infante en DPM que según Alejandra se le fue encima a Efi para advertirle que no le darían nada, y que Michel le había gritado a su tío Luis Enrique ratero por el robo de joyas a doña Silvia hace dos años.
Ya veremos en qué para esto, ya que Luis Enrique juraba que la casa de su madre era para él y hasta tenía ya viviendo ahí a una de sus hijas.
Pero si es cierto que la Guzmán es la heredera, habrá borlote y los moquetes estarán a la orden del día.
Yo por mi parte les quiero compartir algo que conmovió mi corazón.
Hace unos días empleados de la alcaldía de Iztapalapa se sintieron realmente valorados.
Resulta que entre todos los apremiantes que deben afrontar, la alcaldesa se tomó el tiempo y la intención de reconocer la antigüedad de trabajadores dedicados al servicio público.
Esta Joroba no es grilla ni mucho menos y la política no es lo suyo (me gusta hablar de mí en tercera persona), pero lo que salta a la vista hay que reconocerlo.
No vivo en esa alcaldía ni tuve la opción de votar o no por Aleida Alavez Ruiz, pero quiero contarles que sé de su activismo y de sus bien fajadas enaguas.
Es una mujer joven pero calada en los vaivenes de la polaca.
Una joven veterana pues.
¿Por qué me interesó saber quién es Aleida? Les cuento: todos los días esta Joroba llega de pelito mojado y cara lavada a su centro de trabajo, ahí, en Imagen Televisión nos reciben las hadas madrinas, las hechiceras, nuestras talentosas maquillistas y una de ellas, una hermosa chica de cabello color verde fantasía, siempre me comparte su sentir sobre la vida en Iztapalapa.
Ella hace casi una hora para llegar al trabajo, pero asegura, prefiere vivir allá ya que su sueldo allá sí le alcanza para rentar un depa decoroso, puede dejar su auto enfrente; ya que tiene buen alumbrado público y enfrente hay un parque al que dice, le van a poner jueguitos para que las familias no tengan que irse a otras alcaldías a buscar un parque para sus niños.
Esta chica cuyo nombre me reservo es sobreviviente de la pesadilla americana.
Es decir, fue deportada de Estados Unidos siendo que llegó a ese país siendo una bebita de meses.
Yo la admiro porque en 7 años logró lo que muchas personas no hacen en toda una vida: tiene un empleo, es autosuficiente, disciplinada y su criterio no es ligero.
Cuando me contó de sus razones para votar por Aleida me llamó la atención y me di un clavado a sus intervenciones en la Cámara de Diputados y desde ahí soy seguidora de su trabajo.
Por los hechos los conoceréis, he escuchado por ahí y tengo una amistad desde hace poco más de 5 años.
Solía encontrármelo en un restaurante de moda en el corazón de Polanco.
Pero hace poco volví a saludarlo.
Le pregunté que lo traía tan perdido y me dijo que estaba apasionado de su cargo público.
El saludo fue breve y le desee mucho éxito.
Carlos Reséndiz es un máster.
Ahí quedó la cosa, mi amigo no presuntuoso no supe con quién andaba partiéndose el lomo.
Pero para mí sorpresa ayer en la página de “alcaldía Iztapalapa” en Instagram vi una foto de mi amigo junto a la alcaldesa que sigo desde esta administración.
¡Es Charly y está al lado de Aleida! En efecto, los fregones siempre suman fuerzas.
Con razón mi bella maquillista vive muy a gusto en Iztapalapa.
¿Bueno, cada quién es fan de quien quiere no? Mis ídolos son personas que marcan diferencia no sólo los que cantan o actúan bonito.
Mi reconocimiento a los trabajadores gubernamentales, los que sí tienen vocación de servicio, respeto por el ciudadano y fueron galardonados.
Cuando una(o) se sabe valorado(a) da más, rinde mejor.
El propósito se logra en equipo.
Disfruten su fin de compras navideñas y, famosos, ándense derechitos, ¡que sólo La Joroba les estira los huesitos!
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