María Elena perdió el juicio contra su medio hermano, pero a la muerte de su madre perdió también la razón, se dejó enamorar de un hombre que la dejó sin nada, obnubilada por la pasión le dio a su galán el poder de sus cuentas y su vida, ella despojó a su hermano
¡Hola a mis luminosos reflectores (reflexivos lectores)!, este lunes ya huele a pan de muerto y chocolate caliente… yo intento no adelantarme a las fechas y por más tentación reservo la tragazón para el día en cuestión, pero ya tengo mi caja de chocolate abuelita en la despensa para no andar batallando.

Esta semana voy a presentar en De Primera Mano una carta que fue decisiva en el juicio de la herencia de la gran Lola Beltrán, la escribió María Elena Leal. Sí, ella misma se puso la soga al cuello.
Tenían ya nueve años de juicio cuando a la hora de dictar sentencia la autoridad tuvo en sus manos el escrito y el fallo fue contundente y a favor de José Quintín, a quien María Elena desconoció como hijo de Lola y en la carta admitía como su medio hermano.
Esto es escarbar en el pasado Lola murió en el 96, la carta se escribió un año después y salió a la luz en el 2004, o sea, hace 20 años.
Aun así, la moraleja hace eco en esta Joroba. María Elena perdió el juicio contra su medio hermano, pero a la muerte de su madre perdió también la razón, se dejó enamorar de un hombre que la dejó sin nada, obnubilada por la pasión le dio a su galán el poder de sus cuentas y su vida, ella despojó a su hermano.
Cuando la Corte sentenció a su favor, ya María Elena Leal había vendido casas terrenos y joyas. Pero nada de eso disfrutó. El ganón fue el padre de su hija menor.

En la carta ella cuenta como temía por su vida y que hasta las regalías de su madre eran depositadas en la cuenta del tipejo ese.
Yo siempre he visto a esta mujer con una nube gris sobre sus hombros, no logró ser ni el remedo de su mamá.
Nunca pudo brillar por su talento, en el medio la reconocemos por sus fechorías y ambición, y ahora al leer esa carta lo que siento es pena.
Bien dicen que Ladrón que roba a ladrón… actualmente José Quintín vive modestamente pero feliz y María Elena Leal pues cada que se le acerca una cámara le sufre porque la sombra de su madre y el escándalo de esa sucesión testamentaria maratónica la persiguen.
Qué miedo ser una hermana verduga y una mujer débil. Hablando de miedo ya me les voy porque me toca ser madrina en la obra kilómetro 13, con mi amiga Haunani Ruiz, esto en el teatro Varsovia. ¡Siles gustan las de terror tienen que verla!
Que tengan un gran fin de semana y famosos, ¡ándense derechitos que solo La Joroba les estira los huesitos!





